¿A qué huele el amor?
El amor huele a recuerdo,
a una risa que se quedó prendida en el aire,
a los besos que no piden permiso
y tampoco dejan despedida.
El amor huele a recuerdo,
a una risa que se quedó prendida en el aire,
a los besos que no piden permiso
y tampoco dejan despedida.
De esos que más que contar con logros, lo hacen con resistencias.
365 días dónde muchas veces hice lo que pude, no lo que quería, y aun así fue suficiente.
Los debería" siempre llegan tarde, cuando el momento ya cerró la puerta y apagó la luz.
Entonces golpean, no para entrar, sino para recordarnos que ya pasó. Cuando las palabras dichas no pueden volver a la boca y las no dichas empiezan a pesar.
Se sientan a nuestro lado, con una cortesía incómoda, y empiezan a señalar, uno...
La ciudad amanecía cada diciembre cubierta de luces, bajo la máscara de una sonrisa impostada. Claro, ¿cómo qué no? ¡Era Navidad y había que sonreír!
Los escaparates brillaban, las canciones repetían ilusiones de felicidad casi instantánea y el aire olía a canela y mazapán.
Fue una tarde cualquiera, de esas en que el mundo parece caminar más lento.
Hoy hablamos de besos…, esa forma curiosa que tienen de aparecer como en un lenguaje secreto que el corazón usa cuando las palabras se quedan cortas, en eso se parecen mucho a los abrazos.
Nunca me gustó la lluvia, siempre me pareció fría, inoportuna, como si interrumpiera el ritmo tranquilo de los días. Y, sin embargo, marcó un momento de mi vida con la misma intensidad con la que el amor y el desamor se entrelazan.
Cuando el alma se me llena de grietas, dejo que la música entre por las ventanas.
Cierro los ojos y dejo que me atraviesen.
El otoño es una estación que nos recuerda, con una serenidad inevitable, que todo ciclo tiene su momento de plenitud y también su tiempo de cierre.
Las costumbres tienen una fuerza invisible, como un río que poco a poco aprende su cauce. Con el tiempo, aquello que nació como un gesto espontáneo y luminoso puede convertirse en obligación...