Y si te pierdes… ya nos encontraremos!

30.10.2026

Las curvas siempre me parecieron una manera innecesaria de complicar lo que podría resolverse en línea recta.

Las esquivaba, las disimulaba, intentaba anticiparme a ellas. Incluso pequé de ingenua empeñándome en creer que podría conseguir enderezarlas…

¡Como si las curvas entendieran de voluntades!

Pero las curvas, por lo visto, no estaban dispuestas a colaborar con mis planes…, aparecieron cuando creí conocer el camino, me obligaron a reducir la velocidad, a soltar el acelerador y, a veces, hasta detenerme en el arcén para preguntarme en qué momento se me ocurrió tomar ese camino…

"Nos vemos en la tercera calle a la izquierda, segunda curva a la derecha, subes la escalera, bajas cuatro escalones y ahí estaré, a unos 200 metros en línea recta…"

… qué fácil parece encontrar a alguien cuando las indicaciones son precisas...

… y qué difícil es encontrarnos con nosotros mismos cuando llevamos años cambiando de dirección.

Tengo que admitir que durante mucho tiempo confundí avanzar con llegar.

Pensaba que cuanto más recto fuera el camino, menos posibilidades tendría de equivocarme, y que, cuando algo se torcía, lo sensato era enderezarlo cuanto antes.

Hasta que descubrí que hay cosas que se rompen precisamente por intentar ponerlas derechas.

Y personas también..., porque, pensándolo bien, nosotros tampoco somos demasiado rectos...

… decimos una cosa y sentimos otra.

… queremos quedarnos y nos vamos.

… juramos no volver a pasar por determinados lugares y terminamos regresando, aunque solo sea con el pensamiento.

… nos empecinamos en encontrar explicaciones lógicas para sentimientos que nunca han sabido seguir un mapa.

Y luego están las curvas que provocamos nosotros, esas de las que apenas somos conscientes...

… ser el desvío inesperado en la vida de alguien.

… el obstáculo.

… o con un poco de suerte, el camino secundario que alguien agradece haber encontrado.

Quizá por eso me cuesta tanto entender nuestra obsesión por las líneas rectas.

Como si vivir consistiera en trazar una línea impecablemente perfecta desde lo que fuimos hasta lo que pretendemos ser.

Y no. No.

A veces tenemos que dar una vuelta absurda para encontrarnos con algo que estaba al lado, equivocarnos de camino para descubrir un lugar distinto, o volver a la casilla de salida para darnos cuenta de que, aunque el paisaje siga siendo el mismo, nuestra mirada ya no lo es…

Ojo, que tampoco se trata de romantizar todos los rodeos.

Hay curvas que marean, que cansan, que nos hacen perder el tiempo. Hay caminos que jamás deberíamos haber tomado y otros de los que habría sido conveniente pillar el primer desvío…

Y seamos honestos… hay personas que, más que curvas, parecen auténticas rotondas…, entras con las ideas claras, das tres vueltas, pierdes el norte... en fin, dejémoslo ahí.

Por eso ya no mido más los trayectos por la distancia recorrida.

Ahora me interesan más los paisajes, las paradas imprevistas, las personas que se suben un rato y aquellas que, aun habiéndose bajado hace tiempo, siguen acompañándonos de alguna manera.

Y aunque todavía me empeñe en buscar el camino más corto, empiezo a sospechar que algunas de las cosas más bonitas de mi vida sucedieron precisamente cuando dejé de saber hacia dónde iba.

No sé si eso significa que haya aprendido algo.

Probablemente mañana vuelva a enfadarme porque las cosas no salen como esperaba.

Sería muy propio de mí, he de reconocerlo, aunque con un pequeño matiz…

... aún siguen sin gustarme las curvas... pero al menos, he dejado de exigirle a la vida que me avise antes de doblar.

"Y si te pierdes… ya nos encontraremos"
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