Tuyo es!

07.08.2026

Escribo para no escribirte.

Eso me repito cada vez que abro una página en blanco.

Como si las palabras fueran una habitación donde esconderte. Como si bastara con cambiar los nombres, mover los recuerdos de sitio o disfrazar la nostalgia con metáforas para conseguir que dejaras de aparecer entre los renglones.

Pero la tinta tiene memoria.

Cuando empiezo hablando de la lluvia, acabo recordando aquella tarde de amor que nació de las gotitas chocando contra el cristal de la ventana.

Cuando escribo sobre el mar, no puedo evitar recordar tu risa mezclándose con el viento.

Cuando intento hablar del tiempo... termino escribiendo de todo lo que este todavía no ha conseguido llevarse.

Descubrí hace mucho que escribir no sirve para olvidar.

Sirve para ordenar el ruido.

Para que el corazón deje de hablar a gritos y aprenda, al menos por un rato, a hacerlo en voz baja.

Hay quien cree que los que escribimos inventamos historias. Yo sospecho que, en realidad, solo buscamos lugares donde guardar aquello que ya no se puede decir en voz alta.

Por eso escribo.

No porque tenga algo nuevo que contar.

Sino porque hay silencios que pesan demasiado cuando uno decide cargarlos solo.

Y, aun así, nunca te escribo.

Al menos no directamente.

Porque entendí que algunas personas dejan de recibir nuestras cartas, pero nunca dejan de habitar nuestras palabras.

Quizá por eso, cuando alguien me dice que se ha sentido identificado con algo que escribí, sonrío en silencio.

Porque ignora que lo que acaba de leer nació el día en que decidí...

escribir para no escribirte.


Porque algunas palabras no necesitan destinatario.
Saben perfectamente a quién pertenecen. 
Tuyo es! (..y entonces, una vez más, vuelvo a escribir para no escribirte.)
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