Trapitos

Siempre me ha gustado el sol.
En algún momento del día, busco un rinconcito donde dejarme acariciar por él...
Quizá por eso un día colgué mis trapitos al sol..., pero no para que los viera nadie, ni tampoco para exhibir mis heridas como quien busca compasión.
Los colgué porque el sol tiene una virtud que a veces olvidamos, no solo seca, también transforma.
Hay cosas que, cuando permanecen demasiado tiempo encerradas, empiezan a (d)oler... , sí, (d)oler porque hay palabras que solo necesitan una letra para recordarnos que nunca estuvieron tan lejos una de la otra.
Y porque todo lo que no se ventila acaba oliendo.
Y casi todo lo que acaba oliendo... antes dolió.
Guardamos las decepciones, las culpas, los silencios...
Las pérdidas.
Los "ojalá".
Los "si hubiera".
Los sueños que dejamos a medias.
Incluso las versiones de nosotros que hicieron lo que pudieron para sobrevivir.
Lo doblamos todo con cuidado y lo guardamos en el armario del silencio, convencidos de que, si nadie los mira, algún día desaparecerán.
Pero la oscuridad nunca ha sido un buen lugar para sanar.
Lo que permanece demasiado tiempo encerrado termina impregnándolo todo.
Las conversaciones.
Las decisiones.
La manera de mirar el mundo.
Incluso la forma de querer.
Por eso aquel día abrí las ventanas.
Tendí al sol mis miedos, mis contradicciones, mis errores y hasta esas partes de mí que durante años creí que debía esconder.
Y el sol hizo lo único que sabe hacer…
No preguntó.
No juzgó.
No señaló ninguna mancha.
Y tampoco me preguntó por qué tardé tanto.
Simplemente se quedó ahí, regalándome calor, recordándome que la luz no avergüenza aquello que toca, solo le devuelve la oportunidad de respirar.
Quizá por eso me gusta tanto...
Porque el sol nunca me ha pedido que sea perfecta para abrazarme.
Y tal vez nosotros tampoco deberíamos exigirnos tanto antes de atrevernos a tender el alma.
Desde entonces, cada vez que alguien dice que tiene "trapitos sucios", sonrío.
Todos tenemos trapitos...
... y lo verdaderamente triste sería no atreverse nunca a tenderlos... porque no hay nada más humano que tener trapitos...