Susurros

05.04.2026
Se dijeron adiós tantas veces que aprendieron a quedarse de otra forma.

Durante un tiempo desaparecieron incluso las formas más pequeñas de encontrarse.
Como si alguien hubiera cerrado todas las puertas, incluso las que no hacían ruido… en un intento de que el silencio pudiera poner orden donde el deseo ya lo había desordenado todo.

Pasaron días, semanas, meses sin que nada los rozara… pero el silencio nunca fue completo.

Descubrieron, casi sin querer, otra forma de hablarse. Una más tenue, que no exigía respuesta, pero la insinuaba.

Él empezó dejando pequeñas señales al borde del día, frases sueltas, canciones que parecían elegidas con demasiado cuidado... Ella tardó más, como si necesitara comprobar que aquello no era una casualidad repetida.

Cuando respondió, no lo hizo directamente. Nunca lo hacían. Era más bien un eco.

Si él dejaba caer una nostalgia leve, ella aparecía horas después con una imagen, un recuerdo, una palabra…. Si él marcaba distancia, ella acortaba el espacio sin acercarse del todo…

No coincidían en el tiempo, pero sí en la intención. Como dos líneas paralelas que, en secreto, sabían que alguna vez se habían tocado.

Nadie más lo notaba. Para el resto eran gestos dispersos, fragmentos sin importancia. Pero entre ellos había una gramática silenciosa, una forma de leerse que nunca había necesitado explicación. Reconocían las pausas, las repeticiones, incluso los días en los que uno decidía no decir nada.

Esos eran los más elocuentes.

A veces, alguno se atrevía a rozar el límite con una frase que dejaba poco lugar a dudas. Entonces el otro se retiraba un poco, como si ambos recordaran de pronto por qué ya no se podían permitir una charla directa.

Y aun así, seguían.

No era esperanza, o no exactamente. Tampoco era resignación. Era algo más extraño, la certeza de que, aunque el mundo hubiera trazado otras rutas, ellos aún compartían un lenguaje secreto que no habían conseguido olvidar. Uno que no pedía futuro ni reclamaba pasado.

Solo eran eso, un espacio suspendido donde dos personas se piensan sin tocarse.

Y quizás eso era lo que más dolía.

O lo único que quedaba…

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