Llegar tarde...

A menudo ella pensaba que la vida tenía la costumbre de llegar tarde a todo.
Tarde a las respuestas…
…tarde a las despedidas y, sobre todo,
…tarde al amor.
Después de tantos años aprendiendo a despedirse incluso antes de sentirse querida, buscando algo que ni siquiera sabía nombrar, un día simplemente, se entregó a dejar de esperar...
Entonces apareció él... de la nada, de un vacío, de repente…
No ocurrió entre fuegos artificiales ni promesas eternas, sino en una tarde cualquiera donde el cansancio pesaba más que la esperanza. Había algo en su manera de quedarse que desarmaba todos los miedos que ella había aprendido a esconder.
Y fue ahí cuando comprendió aquellas palabras que encontró por casualidad…
"algunas personas no aparecen cuando uno quiere, sino cuando el corazón no podría soportar seguir buscándolas".
Desde entonces, cada abrazo suyo tenía la extraña capacidad de ordenar el mundo…, no porque borrara el pasado, sino porque lograba darle sentido.
Ella sentía que la vida, de algún modo, le estaba pidiendo perdón por todas las veces que tuvo que caminar sola.
"Cada abrazo tuyo parece una disculpa preciosa de la vida por todo el tiempo que tardó en traerte hasta mí...", pensaba mientras apoyaba la cabeza en su pecho y escuchaba el silencio compartido entre ambos.
Como si después de perderse tantas veces, por fin hubiese encontrado el lugar donde su alma siempre quiso quedarse….