Ladrones

Aquella noche la luna me contó la pequeña historia de dos ladrones que ocurrió un 10 de febrero, y decía así…
"La tarde sabía a espera, como un silencio que pedía quedarse, como si el tiempo hubiera decidido mirar sin avanzar.
Él levantó la cámara y le tomó una foto sin avisar.
Una imagen robada al segundo que iba a pasar de largo.
Ella, distraída y real, se quedó detenida en un gesto único, mientras solo pensaba en lo que vendría después... y la tarde se hizo cómplice del momento.
Al despedirse lo miró, sonrió, lo sostuvo de la barbilla y fue hacia él con una certeza fuera de compás. El beso no encontró los labios, quedó breve, torpe y mal calculado...
Inolvidablemente perfecto en su error.
Él no se apartó, sonrió apenas, como quien entiende que hay momentos que no se corrigen.
En tan solo un instante se hizo la magia y las mariposas volvieron a aletear para los dos.
Y se separaron con la risa contenida en una mirada traviesa que pedía a gritos una repetición.
... él, se fue con una foto que guardaría para siempre,
... ella, con un beso torpe que no pensaba devolver".
Lo imperfecto también sabe permanecer.