La partida

La partida no empezó como algo serio.
Nadie habló de reglas, ni dijo que hubiera algo en juego.
Pero lo había.
La mentira, disfrazada de verdad, siempre movía fichas primero con jugadas pequeñas, seguras y difíciles de cuestionar.
Colocaba sus piezas con cuidado..., palabras hermosas, recuerdos,
expectativas.
Nada definitivo. Nada que obligara a abandonar el tablero.
Era inteligente, dejaba la jugada hecha y el silencio después.
Pero la verdad no jugaba así.
La verdad esperaba, observaba sin intentar convencer...
Ella miraba el tablero sin saber muy bien de qué lado estaba.
Se empeñaba en ganar...
Quería terminar la partida sin tener que asumir que ya llevaba tiempo
perdiendo.
A veces retiraba una pieza, decidida a salir.
A veces volvía a colocarla donde estaba, como si nada hubiera pasado.
La mentira sonreía sin dar la cara.
Movía piezas desde lejos.
Jugaba a escondidas, con silencios calculados, pero mantenía el juego abierto.
Sonreía sin celebrar. Sabía que el cansancio también era una estrategia.
La verdad tampoco insistía.
Sabía que comprender algo no implica tener la fuerza para cambiarlo.
Y así pasaron muchas rondas.
Hasta que un día ella comprendió que no estaba jugando contra nadie.
Cada movimiento, cada jugada, solo alargaban una partida que solo podía terminar de una forma…
…levantándose...
Sin ganar.
Sin tener razón.
Sin demostrar nada.
Simplemente levantándose y dejando de jugar a algo que ya le estaba costando demasiado.