Ibas... y vas.

Qué curioso... hay palabras que suenan exactamente igual y, sin embargo, viven en lugares completamente distintos.
Ibas pertenece a lo que ya ocurrió.
Y vas, a lo que todavía está ocurriendo.
Entre una y otra apenas hay una letra, un pequeño espacio, una pausa casi imperceptible.
Y, sin embargo, ahí puede caber una vida entera.
Porque hubo un tiempo en que necesitabas entenderlo todo...
¿Por qué algunas cosas sucedieron como sucedieron?
¿Por qué alguien se quedó y alguien se fue?
¿Por qué aquello que parecía tan seguro terminó siendo apenas una estación de
paso?
¿Por qué algunos planes se torcieron justo cuando empezabas a creer que, por
fin, todo estaba en su sitio?
Buscabas respuestas como quien busca las piezas que faltan de un puzle, convencida de que, cuando aparecieran, todo tendría sentido. Pero no siempre aparecen…
Y pasa algo extraño con los años… algunas preguntas dejan de doler antes incluso de encontrar su respuesta, y no porque las hayas olvidado..., simplemente un día... dejas de necesitarlas.
Ibas creyendo que comprender era imprescindible para cerrar algunas puertas…
... y vas descubriendo que hay puertas que se cierran solas cuando dejas de mirar hacia atrás.
Ibas queriendo saber por qué.
... y vas aprendiendo a decir "fue así".
Ibas pensando que cambiar de opinión era contradecirte.
... y vas entendiendo que también puede significar que has aprendido algo por el camino.
Ibas intentando que la vida encajara en tus planes.
... y vas sonriendo al recordar la cantidad de veces que la vida decidió hacer exactamente lo contrario.
Y con los años dejas de exigir explicaciones a todo lo vivido, y aceptas que algunas historias no traen moraleja, que algunas personas no vienen para quedarse y que ciertas decisiones solo pueden entenderse desde la persona que éramos cuando las tomamos, con los recursos que teníamos entonces…
Porque también a esa persona hay que mirarla con ternura.
A la que no sabía.
A la que dudaba.
A la que se equivocó.
A la que estaba convencida de que iba hacia un sitio y terminó llegando a otro.
Ibas. Y vas.
Suenan igual. Pero entre ambas has cambiado tú.
Y quizá algún día mires hacia atrás y descubras que aquellas preguntas para las que tanto buscaste respuesta siguen ahí.
Solo que ya no importa.
Porque mientras intentabas entender la vida…
la vida siguió ocurriendo.
Ibas buscando respuestas.
Y vas aprendiendo a vivir también con las preguntas.