#entrecomas

Nunca había pensado que una coma pudiera decir tanto.
Tan pequeñita, discreta, haciendo su trabajo entre palabras sin que nadie le preste demasiada atención.
Hasta que un día alguien dejó una frase a medias de intención...
"Lo mismo te deseo"
Y entonces pensé que hay frases que parecen terminadas y, sin embargo, solo están esperando que alguien se atreva a poner la coma en el lugar correcto.
Porque hay distancia entre...
Lo mismo te deseo... y
Lo mismo, te deseo.
Una coma. Solo una.
Y de pronto ya no estamos hablando de lo mismo.
Qué curioso el lenguaje.
Nos pasamos la vida creyendo que son las grandes palabras las que nos delatan… amor, miedo, ausencia, deseo, adiós…
Y resulta que, a veces, basta un diminuto signo de puntuación para desmontarnos la coartada.
Tal vez sea por eso que inventamos las comas…
Para respirar.
Para detenernos.
Para separar aquello que todavía no nos atrevemos a juntar.
O quizá para todo lo contrario…
... para acercar dos palabras que llevaban demasiado tiempo fingiendo que no tenían nada que ver.
Hay comas que conceden una pausa, otras evitan un malentendido.
Y luego están esas que uno no escribe, pero deja con picardía el espacio para que sea otro quien las coloque.
Esas son las peligrosas, o si me apuras… las más lindas.
Porque permiten decir sin decir.
Insinuar sin confesar.
Dejar una puerta entreabierta y con un guiño cómplice, conservar por si acaso, la posibilidad de asegurar que nunca quisimos entrar.
(aunque los dos sepamos que sí)
Supongo que por eso hay personas con las que nunca hacen falta demasiadas explicaciones.
Personas capaces de encontrarse en el espacio minúsculo que queda entre una palabra y la siguiente.
Donde cabe lo que fue.
Lo que pudo ser.
Lo que todavía es.
Y todo aquello que ninguno termina de pronunciar.
Ahora miro las comas de otra manera.
Porque algunas simplemente ordenan una frase, pero otras...
... la desordenan por completo.