entre ver(te) y mirar(te)

Nos vemos y nos miramos
Todos los días vemos gente cruzando una calle, caras detrás de una ventanilla, personas sentadas en la mesa de al lado. Vemos cómo alguien se ríe, cómo aparta el pelo de la cara, cómo mira el teléfono mientras espera.
Vemos muchísimo.
Pero miramos bastante poco.
Porque mirar exige algo más que tener los ojos abiertos.
Mirar es detenerse.
Es prestar atención a ese gesto diminuto que nadie más ha notado. Es saber que detrás de un "estoy bien" hay un silencio que dice exactamente lo contrario. Es reconocer una tristeza aunque venga perfectamente peinada y con una sonrisa puesta.
Hay personas que nos ven.
Hay almas que nos miran.
Y, de vez en cuando, aparece alguien que consigue que nos asomemos al abismo de nuestro interior.
Quizá porque hay miradas que funcionan un poco como espejos, devolviéndonos partes de nosotros que creíamos perdidas...
Pero no siempre vemos lo que miramos.
A veces vemos sin mirar, por costumbre, por prisa, porque hay cosas que llevan tanto tiempo delante de nosotros que hemos dejado de prestarles atención.
Quizá por eso hay personas que hemos visto cientos de veces y de las que apenas sabemos nada.
Y otras a las que miramos una vez…
... y ya no conseguimos dejar de verlas.
También aprendemos a no dejarnos ver.
A enseñar solo determinadas partes, a esconder otras, a bajar la mirada cuando alguien se acerca demasiado a eso que intentamos guardar.
Evitamos miradas.
Buscamos algunas.
Qué curioso.
Nos pasamos la vida creyendo que los ojos sirven para ver, cuando quizá su verdadera rareza está en todo lo que son capaces de recordar.
Porque también existe eso... volver a mirar a alguien después de mucho tiempo y descubrir que los ojos tienen memoria propia.
Que reconocen antes que nosotros.
Que encuentran gestos que creíamos olvidados, rescatan versiones antiguas de quienes fuimos y, por un instante, consiguen hacerle una pequeña trampa al tiempo.
Entonces nos vemos.
Y nos miramos.
Y descubrimos todas las formas que existen de hacerlo:
ver sin mirar, mirar sin querer ver, dejarse ver, volverse a ver, evitar una mirada, tocarse con los ojos… mirarse...
Porque entre una cosa y la otra,
entre ver(te) y mirar(te)...
... cabe todo aquello que nunca supimos decir.
verte, mirarte... y tocar(te)