En gerundio

Vamos habitando días que nunca terminan de ser lo que eran al despertar. Vamos aprendiendo mientras avanzamos. Vamos cambiando mientras creemos seguir siendo los mismos, mudando de piel mientras creemos conservar la misma forma.
Vamos encontrándonos mientras nos vamos perdiendo un poco.
Porque la vida no habla en pasado ni en futuro. Habla en presente continuo.
Va floreciendo. Va cayéndose. Va reconstruyéndose...
Y nosotros con ella.
Vamos coleccionando amaneceres, guardando conversaciones, acariciando recuerdos, despidiendo estaciones. Vamos llenándonos de pequeños instantes que apenas notamos cuando ocurren y que, sin embargo, terminan sosteniendo una existencia entera.
Qué extraña y hermosa forma de estar vivos.
Respirando sin pensar en cada respiración. Caminando sin saber que algunos pasos serán decisivos. Riéndonos sin imaginar que ciertos momentos permanecerán para siempre… o quizás no.
Todo sucede mientras está sucediendo. Aquí y ahora. Nada llega acabado.
La felicidad va apareciendo.
La calma va llegando.
La certeza va forjándose.
Incluso los sueños van haciéndose poco a poco, como quien borda una tela infinita, con paciencia y cariño... puntada tras puntada.
Tal vez por eso la vida tiene algo de romántico.
No por las grandes historias, sino por su delicada costumbre de insistir. De seguir brotando después de cada invierno. De seguir regalando belleza en las cosas más simples, una luz entrando por la ventana, el olor de la lluvia, una canción inesperada, una tarde cualquiera convirtiéndose en recuerdo.
Vivimos en gerundios.
Sintiendo.
Probando.
Cayendo.
Levantándonos.
Asombrándonos.
Descubriéndonos.
… no estamos hechos para llegar, sino para seguir siendo.
Siempre creciendo.
Siempre cambiando.
Siempre viviendo.
En gerundio.