En algún lugar del otro

12.10.2026


Hay cosas que permanecen, incluso cuando ya nadie espera encontrarlas.

Como esa pequeña flor que crece entre ruinas, o florece en algún lugar imposible... 

… sin que nadie la cuide

… sin que nadie la riegue…

… pequeña, casi insignificante.

A veces pienso que entre dos personas puede ocurrir algo parecido.

Que hay vínculos que sobreviven al tiempo, a las distancias y hasta a quienes hicieron todo lo posible por romperlos.

No hablo de lo que fue, ni siquiera de lo que pudo haber sido.

Hablo de algo distinto.

De seguir sintiéndose.

De esa extraña y maravillosa manera de estar en alguien sin estar a su lado.

De saberse cerca estando lejos.

De sentir que el otro sigue ahí, en algún lugar que no aparece en los mapas, pero al que sabes exactamente cómo llegar...

Y no, no siempre es fácil llegar hasta ese lugar.

Porque a veces, entre dos personas, se interponen demasiadas cosas.

El tiempo. Las circunstancias. Las decisiones propias. Y también las ajenas.

Esas que nadie pidió, pero que algunos se empeñaron en tomar por nosotros.

Las palabras que sobraron.
Las verdades que se deformaron.
Los silencios que otros llenaron a su antojo.

Hay quien cree que separar a dos personas es suficiente para borrar lo que existe entre ellas.

Como si la distancia pudiera deshacer lo vivido.
Como si el ruido de fuera pudiera acallar lo que sigue latiendo dentro.

Y es que hay cosas que pertenecen únicamente a dos personas.

Un gesto. Una palabra. Una forma de entenderse. Un idioma que nadie más conoce.

Y por mucho ruido que haya alrededor, por muchas voces que intenten entrometerse, hay lugares a los que los demás, sencillamente..., no pueden entrar.

Porque nunca les pertenecieron.

Y quizá sea ahí donde reside la verdadera fuerza, y no en permanecer intactos.

En descubrir que, después de tanto, todavía existe algo que nadie consiguió llevarse.

Algo que no reclama, no exige y no necesita explicaciones.

Una forma de seguir sucediendo…

Como esa flor que sobrevivió al derrumbe, que quizá haya perdido algún pétalo o sus raíces hayan buscado otros caminos...

Pero sigue ahí.

Sin hacer ruido.

Sin pedir permiso.

Sin necesitar que nadie la vea para saber que existe

Porque hay cosas que pueden quedar en ruinas sin haber sido destruidas del todo.

Y hay fuerzas que no necesitan vencer a nadie para seguir existiendo.

Tal vez lo más bonito de todo sea eso.

Que, a pesar del tiempo, el ruido, los derrumbes, las ausencias y todo aquello que parecía destinado a acabar con ellas…

… todavía se sientan...

Sin tener que explicárselo al mundo. Sin tener que demostrar nada.

Porque lo que queda puede parecer pequeño para quien lo mira desde fuera, pero es inmenso para quienes lo llevan dentro.

Y quizá sea suficiente con esa certeza pequeña, íntima y tan suya… 

… de saber que, en algún lugar del otro, todavía florecen.

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