Duelo(s)

31.08.2026

Hay duelos que no llevan flores.

Nadie viene a darte el pésame cuando pierdes una costumbre, cuando abandonas una casa, cuando se rompe aquel objeto insignificante que guardabas desde hacía años o cuando descubres que ya no eres la persona que fuiste.

Y, sin embargo, algo dentro de nosotros también se despide.

Porque quizá el duelo no tenga tanto que ver con la muerte como con la ausencia.

Con aprender a vivir sin algo que, hasta entonces, formaba parte de nuestra manera de estar en el mundo.

Hay ausencias a las que terminamos acostumbrándonos.
Y hay otras que, por alguna razón, nunca terminan de irse. 

Pero existe un duelo especialmente extraño… el duelo por alguien que todavía existe.

Alguien que sigue estando en alguna parte.
A pocos kilómetros o a miles.
Al otro lado de una pantalla, de una decisión, de unos años, de un miedo...

Alguien a quien no puedes echar de menos del todo porque, técnicamente, no se ha ido.

Y quizá por eso duela de una manera distinta.

Porque cuando alguien desaparece, la realidad termina imponiendo su punto final, pero cuando alguien permanece, siempre queda una pequeña rendija por la que se cuela el quizás.

Quizás algún día.
Quizás en otras circunstancias.
Quizás si entonces.
Quizás si ahora.

Y uno aprende a hacer algo extrañísimo… echar de menos a alguien en presente.

A veces la vida es caprichosa y enciende una pequeña luz...

Un momento en el que el pasado y el presente se sientan frente a frente y dejan de preguntarse qué habría ocurrido si las cosas hubieran sido diferentes.

Porque tal vez no se trate de recuperar todo lo perdido.

Tal vez algunas personas solo puedan pertenecernos así… en pequeños instantes robados a todo aquello que las separó de nosotros.

Y entonces... si pudiera elegir…

prefiero una pequeña ventana en el espacio-tiempo contigo
a toda una vida...
teniendo(te) sin poder tener(te)
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