Despedida

16.05.2026

La encontré por casualidad, escondida entre páginas viejas y polvo acumulado, como si hubiera esperado años a que alguien la leyera.

Era una hoja doblada varias veces, desgastada en las esquinas, escrita con una tinta apenas temblorosa. No tenía nombre, ni fecha, ni una despedida clara. Solo palabras cargadas de una tristeza tan humana que parecía seguir viva sobre el papel.

La leí una vez. Después otra… y otra. Y otra más. 

Y por un momento sentí que aquello no era una carta, sino el eco de alguien intentando sobrevivir a lo que nunca pudo olvidar. Como en una confesión con uno mismo, decía algo así… 

“Desde entonces sobrevivo abrazando recuerdos que aún llevan tu nombre, porque perderte no fue verte marchar… fue perderme contigo.”

Y pensé que hay ausencias que no llegan de golpe. Se instalan leeeentamente, como el invierno entrando por una ventana rota. Al principio uno cree que podrá acostumbrarse, que el tiempo terminará acomodando el vacío en algún rincón soportable del alma. Pero ciertos recuerdos tienen la extraña costumbre de permanecer intactos, incluso cuando todo lo demás cambia. A veces la memoria se convierte en un refugio peligroso. Se vuelve fácil vivir mirando hacia atrás, repasando palabras, gestos y momentos que ya no existen más que dentro de uno.
No porque se quiera sufrir, sino porque hay pérdidas que parecen ser lo único capaz de demostrar que aquello fue real.
Con el tiempo se aprende a continuar… a levantarse cada mañana, a sostener conversaciones, a sonreír cuando es necesario…
Hay despedidas que cambian la manera de mirar el mundo. hasta la felicidad parece distinta, más frágil, más lejana… Y aun así, la vida sigue avanzando. Las estaciones cambian, las calles continúan llenándose de gente y el tiempo nunca se detiene para preguntar si alguien logró reconstruirse del todo.
Tal vez por eso algunas nostalgias permanecen porque representan una parte de quienes fuimos que jamás regresará de la misma manera. Hay recuerdos que no buscan ser olvidados. Solo aprendidos. Como cicatrices invisibles que acompañan en silencio, recordando que hubo momentos capaces de romperlo todo… y personas capaces de quedarse para siempre, incluso después de haberse ido… 

 

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