Desconocido

04.06.2026

Había repetido tantas veces aquella frase que casi era su segunda piel, hasta que un día sintió una extraña resistencia.

La frase salía con la misma facilidad de siempre, pero ya no encontraba el mismo lugar donde apoyarse.

"No pasa nada…" la repetía para explicar pérdidas, decepciones y despedidas. Era una frase útil. Compacta. Ordenada. Pero aquella tarde sonó diferente.

No era una mentira, sino una verdad recortada, como una fotografía que durante años había sido nítida y de repente revelaba una grieta.

La incomodidad, pequeña aunque persistente, no desapareció al día siguiente ni al otro… solo se quedó allí, acompañándolo en silencio.

Entonces empezó a notar la distancia entre lo que sentía y la historia que contaba sobre sí mismo. No era grande, y muchas de sus palabras seguían siendo ciertas.

Sí, había seguido adelante.
Sí, había aprendido a resistir.
Sí, había sobrevivido.

Pero también era cierto que algunas heridas seguían hablando en voz baja cuando nadie escuchaba.

Comprendió entonces que el autoengaño rara vez es una mentira evidente.
Suele ser una verdad incompleta, recortada para que sea más fácil de soportar.

Y durante un tiempo se enfadó consigo mismo.

Quiso saber cuál era la versión auténtica. Quiso arrancarse todas las máscaras de una vez y contemplarse sin filtros.

Pero descubrió algo inesperado.

Las máscaras también tenían una historia… algunas habían nacido del miedo, la inseguridad o la duda…, otras simplemente habían sido herramientas para atravesar momentos difíciles.

No eran enemigos. Eran respuestas.

Entonces dejó de intentar destruirlas y empezó a observarlas.
Una por una.
Con paciencia.
Con cierta ternura incluso.

Y cuanto más las observaba, menos necesitaba confundirse con ellas.

Fue una transformación discreta. Nadie a su alrededor la notó. Desde fuera parecía la misma persona de siempre.

Pero por dentro algo había cambiado.

Ya no necesitaba defender cada relato que había construido sobre sí mismo.

Ya no tenía que demostrar que era fuerte, indiferente o seguro todo el tiempo.

Podía admitir la contradicción.
Podía reconocer la duda.
Podía aceptar que una persona puede ser varias cosas a la vez.

Quizás la honestidad nunca consistió en descubrir una verdad definitiva sobre quién era.

Quizás consistía en algo más humilde.

Sentarse junto a sus propias historias, escucharlas con atención y preguntarles, de vez en cuando:

"¿Sigues siendo verdad o solo me has acompañado durante tanto tiempo que olvidé hacerte esa pregunta?"

Y en ese gesto sencillo y silencioso, encontró una forma distinta de libertad...

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