Costumbres

Y hablando de costumbres…
Nunca pierdas la mala costumbre de detenerte un instante para admirar un atardecer, aunque el día haya sido largo. De levantar la vista al cielo y recordar que, incluso después de la tormenta, siempre aparece un nuevo día.
Nunca pierdas la mala costumbre de abrazar con fuerza…
… de mirar a los ojos mientras escuchas,
… de decir "te quiero" sin esperar una ocasión especial... hay palabras que, cuando se guardan demasiado, llegan tarde, y hay encuentros que no vuelven a repetirse.
Nunca pierdas la mala costumbre de reír hasta que te falte el aire…
… de bailar en la cocina mientras preparas la cena,
… de tararear esa canción que te hace volver a un recuerdo bonito,
… o de cantar a viva voz aquella "con nombre y apellido", porque ¿sabes qué…?, a la felicidad le gusta esconderse en esos rincones que parecen insignificantes.
Nunca pierdas la mala costumbre de llamar a quien echas de menos, de tender una mano, de preguntar "¿cómo estás?" o de aparecer cuando alguien te necesita sin que tenga que pedirlo... porque en esos momentos el mejor regalo que podemos hacer es nuestra presencia.
Nunca pierdas la mala costumbre de emocionarte con las cosas más simples como el aroma del café por la mañana, una conversación sin prisas, la lluvia golpeando la ventana, la complicidad de un mensaje o un silencio compartido…
Nunca pierdas la mala costumbre de creer en las personas, aunque alguna vez te hayan roto la confianza. De volver a intentarlo, aunque hayas fracasado. De empezar de nuevo, aunque el miedo te susurre que no vale la pena...
Nunca pierdas la mala costumbre de ser agradecido y tampoco de pedir perdón si te equivocas...
Y nunca, jamás, por sobre todas las cosas… pierdas la mala costumbre de ser tú. De cuidar tu bondad en un mundo que, a veces, parece empeñado en endurecerla. Que nadie te convenza de que sentir mucho, ayudar sin esperar nada a cambio o amar sin hacer cuentas es una debilidad.
Porque, cuando pase el tiempo, la única cuenta posible es cómo hiciste sentir a quienes tuvieron la suerte de cruzarse en tu camino.
Y ojalá, cuando alguien piense en ti, sonría y diga…
"qué bonita era esa mala costumbre que tenía de hacerle la vida un poquito mejor a los demás".
Porque al final, las mejores huellas no las dejan los grandes logros, sino esas pequeñas "malas costumbres" que nos hicieron inolvidables...