Casi nosotros...

No nos encontramos tarde ni temprano, simplemente nos encontramos en silencio, sin darnos cuenta que desde el primer instante, desde esa primera mirada, ya estábamos viviendo una despedida.
Compartimos miradas que se sostenían un segundo más de lo necesario y sonrisas que ocultaban lo que ninguno se atrevía a decir, pensando que el tiempo era infinito, que siempre habría un mañana para pronunciar las palabras que hoy nos temblaban en los labios.
Hicimos promesas sin decirlas, y nos negamos una y otra vez a los "para siempre", y a los "nunca más", esos que jamás te gustaron.
También nos hicimos pactos invisibles cuando nos buscábamos entre la gente o en cómo el mundo parecía detenerse cuando nuestras manos coincidían por accidente. Pero el miedo fue más puntual que el amor, y cada oportunidad se cerró como una puerta que ninguno empujó.
Un día el tiempo, cansado de esperarnos, siguió su camino.
Vos tomaste el tuyo.
Yo me quedé mirando cómo te alejabas…
… y lo que pudo ser quedó suspendido en ese instante que nunca llegó.
Hay veces que el amor no falla por falta de sentimiento, sino por exceso de realidad.
El amor de tu vida puede ser quien llega y lo cambia todo.
El amor de tu vida puede ser quien se va y deja una huella eterna.
El amor de tu vida puede ser aquel que nunca podrá ser, porque el tiempo no espera, porque en algún momento los caminos dejaron de coincidir…, o porque cuando uno llega el otro se va.
Pasó el tiempo, y aunque ya no hay presencia, si hay memoria.
Y en el silencio de las palabras que no decimos, hay una ternura extraña en saber que existió un amor que no necesitó suceder para marcarlo para siempre.
No fuimos nada, y por momentos lo fuimos todo.
Casi nosotros.