Casi

27.02.2026

A ratos, no decir nada es decirlo todo…, hay momentos en los que hablar no aporta nada y callar dice exactamente lo necesario.
Al final, no decir nada no siempre es ausencia… es, también, una forma distinta de comunicar.


"Se pensaban a deshoras, como si el otro fuera una costumbre imposible de romper.
No se escribían, pero ambos sabían exactamente en qué momento del día el otro aparecía, silencioso, entre pensamientos.

Fueron…
…simplemente fueron, con esa intensidad que no deja espacio a dudas.

Habían decidido no avanzar, como quien deja una puerta entreabierta sin atreverse a cruzarla. No por falta de ganas, sino por ese extraño acuerdo tácito de no romper lo que, precisamente por no ser, se mantenía intacto.

Querer tanto, a veces, implica entender que avanzar lo rompería todo, los tiempos, las vidas, las promesas hechas antes de encontrarse.

Una canción, un detalle mínimo o el recuerdo de una conversación inconclusa bastaban para traerlo todo de vuelta… y encontrarse de nuevo en ese lugar invisible donde todo podía ser, pero nada debía.

Así que un día dejaron de tocarse, pero no de pensarse.
Dejaron de buscarse, pero no de sentirse.

Y en ese silencio compartido —ese que ambos entienden sin nombrarlo— siguieron latiéndose de la única forma que les quedó, sin acercarse más."


Todos, alguna vez, fuimos amores pasajeros de trenes que no iban a ningún lado.
Joaquín Sabina