Cantando un "te quiero"

Una vez alguien me dijo que callar un "te quiero" es como matar a un ruiseñor.
Entonces no entendí del todo aquella frase…
Ahora me doy cuenta de que los "te quiero" son desobedientes por naturaleza, van a lo suyo…
Nos empeñamos en guardarlos, pero ellos aparecen cuando menos los esperas, se escapan en mitad de una conversación, sobreviven a los años y encuentran la forma de volver a salir cuando creías que ya no sabían el camino.
Porque hay palabras que no nacieron para ser guardadas.
No guardamos un "te quiero" porque haya dejado de existir, sino precisamente porque sigue existiendo.
Hasta que un día alguien vuelve a pronunciarlo.
Y ocurre algo extraño... el tiempo parece apartarse durante un instante y esa palabra, que creíamos olvidada, vuelve a encontrar su sitio.
Porque, al igual que el canto de un ruiseñor, los "te quiero" simplemente suceden...
no necesitan que todo esté en su sitio para ser dicho,
no necesitan que las circunstancias sean perfectas,
no necesitan que exista una respuesta.
… solo necesitan que sean de verdad.
Y quizá eso debería bastarnos.
Porque hay sentimientos que no necesitan cambiar las circunstancias para ser verdad.
Solo necesitan una voz.
Y, si alguna vez un "te quiero" vuelve a salir solo...
...quizá sea mejor dejarlo cantar.