Apariencias

22.07.2026
"Nos pasamos media vida poniendo el signo equivocado delante de las cosas…"

Hay palabras a las que les hemos impuesto un único significado, como si fueran incapaces de cambiar según las manos que las sostienen o el corazón que las pronuncia.

Nos enseñaron que caer era perder.
Que llorar era rendirse.
Que marcharse era abandonar.
Que callar era aceptar.
Y crecimos creyendo que la vida era un diccionario donde cada palabra ocupaba una única definición. 

Pero la vida nunca habló ese idioma.

Derrumbar no siempre es destruir... a veces es necesario derribar versiones de uno mismo que ya no son, es la forma más honesta que tiene el alma de empezar a reconstruirse.

Callar no siempre es otorgar... a veces es el último refugio de quien ha comprendido que no todas las batallas merecen una voz.

Quedarse quieto no siempre es pereza... también lo hace la semilla antes de romper la tierra... también lo hace la respiración antes del primer llanto.

Estar en silencio no siempre es no saber qué decir... hay abrazos que dominan idiomas que las palabras jamás aprendieron. Y miradas que dicen la verdad sin pronunciar una sola sílaba.

Llorar no siempre es debilidad... es el cuerpo encontrando la manera de aliviar un corazón que ha cargado demasiado.

Perder no siempre es quedarse sin nada... a veces es la única forma que tiene la vida de hacer sitio para aquello que todavía no cabe.

Alejarse no siempre es dejar de querer... hay quienes aman tanto que prefieren hacerse ausencia antes que convertirse en una herida.

La duda no es signo de debilidad... a veces solo quien busca la verdad acepta convivir con las preguntas. Al fin y al cabo, toda verdad importante nació el día en que alguien se atrevió a poner en duda una certeza.

Romperse no siempre es acabar... quizás, como las estrellas, también necesitemos estallar alguna vez para descubrir de qué estamos hechos. 

Cambiar no siempre es traicionarse...
Lo hacen las estaciones.
Lo hace el río.
Lo hace la piel.
Solo aquello que está muerto permanece exactamente igual.

Y un "todavía no" no siempre significa "nunca".
Hay relojes que miden el tiempo... y otros que miden el momento.

Tal vez las apariencias nunca fueron el verdadero problema. El problema fue confundir una parte con el todo.

Nadie se compone solo de sus caídas, ni de sus silencios, ni de sus miedos, ni de sus errores.
Somos también todo aquello que intentamos sanar, todo aquello que no contamos, todo aquello que nos convirtió en quienes somos. 

La vida no está hecha de definiciones, sino de contradicciones, de heridas y de comienzos, de versiones que mueren para que otras puedan nacer.

Porque nadie es una palabra escrita en piedra.
Somos una historia que sigue escribiéndose.

Y quizá la forma más bella de mirar al otro sea recordar que, igual que las palabras, también las personas merecen ser leídas más de una vez...



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