(a)mar

18.09.2026

Hay un mar de corazones azules.

Están por todas partes.

En mensajes de ánimo, en felicitaciones, al final de una frase cualquiera, entre dos palabras que no saben muy bien cómo despedirse.

Un pequeñísimo dibujo azul que cabe en la punta de un dedo y que, en realidad, no significa nada...

O significa todo.

(depende)

Porque hay cosas que nacen sin intención de convertirse en nada importante.

Una palabra dicha jugando.

Una forma de llamar a algo que todavía no tiene nombre.

Dos palabras que se juntan porque, por separado, parecen quedarse cortas.

Tres letras.

Un color.

Y un día descubres que, sin haberlo decidido, has construido un idioma con alguien.


Todo empezó siendo insignificante.

A veces ocurre así.

Casi nunca sabemos en qué momento exacto deja de serlo.


Quizá por eso existen los códigos.

Porque son curiosos a los que les gusta jugar al escondite... y reconocerse entre ellos.

Para poder decir mucho diciendo apenas nada.

Para dejar una palabra en mitad de una conversación y saber que llegará completa al otro lado.

Para mandar un corazón azul entre un mar de corazones azules y tener la extraña certeza de que ese, precisamente ese, no podrá confundirse con ningún otro...

Porque cualquiera puede verlo.

Cualquiera puede leerlo.

Cualquiera puede pensar que sabe lo que significa.

Pero hay significados que no están en las palabras, están en la historia que las convirtió en nuestras.

Y quizá esa sea la parte más bonita de tener un idioma con alguien...

... que no hace falta traducirlo.

Y es por eso, que entre tantos corazones azules, hay algunos que siempre sabremos reconocer.

No porque sean distintos.

Sino porque nosotros nos volvemos distintos cuando los miramos.

Y es que este mar esconde secretos…

Algunos están a simple vista. Otros no.

Y hay quien no necesitará buscarlos.

Porque ya sabe dónde están.


Hay un mar a simple vista.
Y algo más para quien sabe mirar.
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